miércoles, 16 de junio de 2010

Crítica de Ricardo Suárez Acosta

La seducción epidérmica

Vacías y desconsoladas. Es así como se quedan las calles, plazas y bulevares de las ciudades y los pueblos después de la insólita y privilegiada visita de la exposición itinerante de esculturas en la calle Piel de Metal. La emoción y la pasión, que producen en el espectador las piezas que conforman este itinerario cambiante, son los objetivos primordiales que busca Julio Nieto (Durango, 1964) en esta muestra que no deja a nadie indiferente. En un momento en el que, aparentemente, parece que gobiernan en nuestras inquietudes y expectaciones la apatía, la desgana y la indolencia, en un mundo en el que somos manejados y manoseados, por no decir manipulados, nuestra epidermis se excita, se eriza, se conmueve, al poder ser partícipes en nuestros entornos cotidianos y cercanos de una tangible y sensorial iniciativa cultural. La indiferencia habitual de los ciudadanos, cansados de la monotonía y la invariabilidad de las anodinas propuestas socioculturales, es embestida, en este caso, por medio de siete historias, siete esculturas, que se instalan en la prolongación de nuestras vidas, en la benignidad climática de nuestras localidades.

La principal herramienta que utiliza Julio Nieto en su trabajo es la metáfora. Piel de Metal; las dermis de las obras que nos presenta en esta singladura, por el insular Jardín de las Hespérides, se convierten en lógicas armaduras que protegen a sus frágiles almas y fábulas de nuestra controvertida situación o realidad. Pero, no son caparazones opacos, pues estas duras y cortantes cortezas dejan entrever el espacio, la transparente esencia de su génesis: el incuestionable entusiasmo y la monomanía por transmitir de su forjador. El hierro, el bronce y el acero inoxidable son los materiales con los que este autor origina sus llamativas y apasionadas creaciones; además, el acero cortén, corten-steel, utilizado para la ejecución de soportes y bases, funciona como elemento que aísla de lo mundano, de lo terrenal, a estos apreciados iconos para situarlos en un mundo de ficción en el que a todos nos gustaría cohabitar.

¿Y Alicia...?, ¿Por qué me echaron del cielo?, Ícaro salvado, Marea, Viajero, La llamada, Enamorado de acero. Estos son los sugestivos títulos, con los que Nieto nos habla del Gato de Cheshire, de un ángel apasionado, de un visionario incauto, de una sensual peje-pescadera, de un catedrático del viaje y del conocimiento, de una ilusoria y turbadora sirena y del verdadero enamorado, los cuales crean un delimitado entorno conmovedor, una elegante unidad armónica, por medio de un atinado discurso visual que cautiva al observador; la luz que se proyecta en este orden estético juega un papel determinante: reflejos, brillos, matices e iridiscencias son los faros que alumbran su caduca presencia.

El punto de partida para la materialización de estas estampas figurativas arranca de estudios segmentados de los cuerpos, es decir, de la creación de volúmenes elementales duros y efectos informalistas, donde la ambigua abstracción geométrica barroca y elementos fuertemente expresivos se anudan para crear y conformar una realidad diferente, una neo-figuración de cuerpos atléticos, turgentes, sinuosos y prominentes. La extrema cercanía a estas piezas nos hace entender estas afirmaciones al poder corroborar la geometrización y precisión de los cortes, que no son caprichosos, en las chapas de acero o hierro, o en la radial incisión y repaso del bronce. Los puntos de soldadura, que unen las diferentes planchas, son las curtidas cicatrices, los ahora recuerdos de un sufrido pasado que no merece la pena ser recordado.

Plenas, pletóricas y emocionadas. Es así como paseos, alamedas, callejuelas y plazoletas de otras villas y poblaciones podrán permanecer, por lo menos, durante algunas semanas, mientras se exponga la muestra Piel de Metal. Los ciudadanos podrán, por unos instantes, refugiarse en la contemplación de este pedazo de museo errante en el que prorrumpirán llamativas sinergias entre niños, jóvenes, adultos y ancianos en un mismo sentido: la contemplación. Equilibrio, energía y seducción son premisas básicas a la hora de entender y razonar el por qué de estas poderosas imágenes; son términos, expresiones, en los que el espectador no cavila, ni reflexiona un solo instante, mientras fotográficamente observa, pero que de manera inherente acierta a saber que son los pilares que fundamentan la iniciativa de un visionario del arte contemporáneo en Canarias.

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